Rafael ChirbesRafael Chirbes, premio de la Crítica por Crematorio (2007) y En la orilla (2013), y Premio Nacional de Narrativa por esta última obra, ha roto su aislamiento voluntario en el pequeño pueblo de Beniarbeig (Alicante) para participar en el MOT, el festival literario de Olot y Girona. Habló de sus novelas y de Valencia, "la ciudad vencida", porque con la guerra civil también perdió la batalla urbanística. Casi 76 años después de la contienda, Chirbes denuncia un alarmante regreso del nacional-catolicismo y reivindica la ácida crítica a la especulación y a la cultura del pelotazo de sus últimas obras.


Publica El Periódico

El país apesta a franquismo por todos lados

Por Ferrán Cosculluela

-Somos afortunados de tenerle aquí, porque usted no es muy partidario del compadreo literario.

-Es verdad que no tengo afición a participar en tertulias o en ciertos círculos literarios. De joven me gustaba mucho viajar, pero ahora no, salir al exterior no me hace mucha gracia porque parece que todo pincha. Además, creo que para escribir es necesario un cierto aislamiento, porque te permite mirar desde tu punto de vista, sin demasiada contaminación.

-Su relación con el resto de escritores es sobre todo a través de la lectura ¿Es su refugio?

-La literatura es mi vida. Lo que hago es leer e intentar escribir, porque es imposible escribir si uno no lee.

-Alguna vez ha dicho que escribir le cuesta, que casi le duele.

-Por desgracia no soy un escritor gozoso. Soy más bien un escritor de tradición judeo-cristiana. Creo más en una escritura del conocimiento que en una del sentimiento. Conocer es doloroso, porque te enseña facetas que no quisieras saber de ti mismo ni de los demás. Creo que toda forma de conocimiento es una forma de sufrimiento, pero la vida es eso, porque, aunque se nos presente como un parque temático o como Disneylandia, no es verdad. En la vida el sufrimiento y el gozo se mezclan.

-¿Qué influencia tienen en sus libros su formación como historiador y sus lecturas marxistas?

-Somos hombres de nuestro tiempo y la lucha de clases es el núcleo del movimiento en la historia humana. La gran contradicción de hoy en día es saber quién tiene el poder, quién manda, quién explota. Todo se resume en eso por mucho que se adorne con ideologías.

-¿Cómo surgen sus novelas?

-Surgen de un malestar, de una desazón. Voy haciendo tanteos, luego viene una frase, luego pones otra y eso va formando un personaje que ha de tener un contrapunto. No las estructuro previamente, aprendo del mundo y de lo que escribo a medida que escribo.
-¿Tiene alguna obra entre manos?

-Soy muy lento escribiendo. Nunca sé cuándo tengo una novela entre manos. Me lo preguntan, pero no lo sé nunca. Entre Crematorio y En la orilla pasaron seis años, ahora estoy removiendo cosas de hace 15 años. Reescribo mucho, soy torpe y encontrar la frase exacta es difícil. Si la frase no está ajustada, es que el pensamiento no funciona, y a medida que uno va ajustando la frase va surgiendo el pensamiento. La literatura es así.

-Para usted no es fácil escribir y sus libros tampoco son de lectura fácil.

-Al lector le exijo el mismo esfuerzo que me exijo a mí. Si yo creyera que poner las cosas de una manera o de otra da igual, querría decir que no creo en el conocimiento literario.

-A veces sus frases son dardos, como esta de En la orilla: «Como los cuerpos, las ilusiones mueren y apestan».

-Es la búsqueda de la frase justa, aquella que expresa eso que no sabemos lo que es y que solo la literatura consigue capturar, por eso un libro no es un tratado de sociología, ni de medicina. Una novela es otra cosa, porque puede definir en una sola frase aquello para lo que un tratado necesita todo el libro. Mientras uno piense que puede seguir trabajando con ese rigor literario, escribir tiene sentido.

-Hay quien le tacha de pesimista.

-Sí, pero yo creo que lo mío es realismo. Intento contar las cosas que veo. Cuento el mundo de mi tiempo. Creo que el lector no es tonto. Hay quien dice: 'Vamos a darle un poquito de esperanza' ¡Pues que se la busque él!. No fuerzo la máquina, trato al lector con el mismo respeto que me trato a mí mismo. Sentiría que le falto al respeto si le endulzo el caramelo.

-¿Tiene muchas obras guardadas en el cajón porque considera que les falta calidad?

-Alguna tengo. Hacer un libro bueno no te garantiza que el siguiente lo sea. En literatura siempre partes de cero y tienes que respetarte a ti y a los libros que has publicado. Has de intentar que el siguiente no desmerezca a los anteriores.

-El título que ha propuesto para su intervención en el MOT es Valencia, ciudad vencida ¿Tan mal está la cosa?

-Lo que está haciendo la alcaldesa Rita Barberá, la del «caloret», es una locura. Dedica el dinero del ayuntamiento a comprar casas viejas para derruirlas y convertir la ciudad en un inmenso solar.

-El PP valenciano está plagado de políticos imputados

-Es una comunida donde la corrupción ha estado por todos lados, pero también se ha convertido en el chivo expiatorio para no ver la propia. Cuando voy a Catalunya o Andalucía y me dicen: 'Cuánta corrupción tenéis allí', yo digo: 'Mirad la vuestra que también estáis hasta aquí'. El famoso caso Gürtel es en realidad el caso Génova (la calle de Madrid donde está la sede del PP), porque lo que hicieron fue enviar recaudadores para llevarse el dinero.

-Creo que no son santos de su devoción.

-Quiero que el PP se vaya de una vez, porque hay un regreso del nacional-catolicismo. Como el alcalde de Gandía, que quiere nombrar alcaldesa perpetua a la Virgen. El país apesta a franquismo por todos lados, con leyes represivas como la del aborto. Es una sensación asfixiante. Me dan ganas de salir corriendo.