Bob Woodward"Hay una gran desconfianza hacia los periodistas. Cada vez somos menos y el mundo es más peligroso y frágil que nunca. Necesitaríamos periodistas que se tomen el tiempo de investigar y profundizar en un tema. Ahora pasa lo contrario": Bob Woodward, uno de los periodistas responsables de destapar los negociados turbios de Richard Nixon que le costaron la presidencia, ha presentado hace poco el libro Las guerras de Obama. Woodward analiza allí las incómodas relaciones de Barack Obama con los frentes militares que actualmente mantiene EEUU en el mundo, y también reflexiona sobre los desafíos a los que se enfrenta la práctica del periodismo en la época de la información digital.


Publica XL Semanal


Por Annick Cojean


XL. Hoy hay más medios, canales informativos, Internet...


B.W. Como existió una burbuja de nuevas tecnologías y otra inmobiliaria, hay una burbuja de la información que acabará explotando. Con tantos blogs, tweets y rumores, la gente cree estar informada, pero es falso. Basta con ver esos supuestos debates televisados. Es la cultura del «¡rápido! ¡Y en directo!». Es todo un falso suspense. La gente está pendiente de la pantalla, o incluso del teléfono, para escuchar informaciones carentes de contexto y significado. Las televisiones ofrecen un diluvio de palabras sin sustancia. Esta mañana, me llamaron de una cadena informativa para pedirme que fuese a hablar del Consejo de Seguridad de la ONU. Contesté que nunca he investigado este tema. «No tiene importancia», me respondieron. Es desolador.


XL. Es un diagnóstico pesimista.


B.W. El sistema vive obsesionado por la velocidad y la obligación de responder a una supuesta impaciencia del público, cuando lo que necesita este mundo complejo es un periodismo de calidad, que exige trabajo y profundidad. No se puede hacer un reportaje por teléfono o navegando por Internet. La información revelada en el Watergate no se habría encontrado en la web. Garganta Profunda [seudónimo del informador de Woodward en el asunto del Watergate] no tendría cuenta en Facebook. Nuestras fuentes eran humanas. Hubo que buscarlas, convencerlas y sonsacarles cada dato.


XL. Pero, transmitida por Internet, ¿no habría levantado reacciones de apoyo, suscitado otras revelaciones y desembocado más deprisa en la dimisión de Nixon?


B.W. No lo creo. Habría bloqueado toda la investigación. Cuando te precipitas, te pierdes lo esencial. Nosotros podíamos trabajar semanas en una investigación. Aunque hubiera que aguantar las presiones de Ben Bradley, nuestro redactor jefe, que se impacientaba y amenazaba con meternos la cabeza en un cubo de agua. Pero sabía la importancia de publicar cada cosa a su debido tiempo.


XL. Todos los diarios ven hoy su futuro amenazado...


B.W. La lápida del presidente de Google debería decir: «He matado a los periódicos». Google les ha quitado buena parte de sus ingresos. Hace falta el dinero de la publicidad para enviar reporteros a Oriente Medio o a investigar la crisis financiera. Me preocupa el marasmo de la prensa. Echaremos de menos algo esencial. Y le aseguro que las consecuencias serán trágicas. Dará igual que los dueños de Google o de Facebook digan: «¡Uy!», al descubrir que el sistema está destruido y que sus buscadores ya no tienen razón de ser. Puede que entiendan entonces que deben invertir sus miles de millones para poner de nuevo en funcionamiento el sistema de información. Imagine que, dentro de 50 años, se haya impuesto un Facebook News como la gran empresa de información del siglo XXI y que Mark Zuckerberg, su dueño, haya aceptado el reto de la investigación, la profundidad, la claridad y la honestidad. No es imposible.


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