«Sueños», de Ernst Jünger

«Sueños», de Ernst JüngerLunes, 8 del 8 del 88: un día con cuatro ochos y encima lunes. Los funcionarios del registro civil tendrán mucho trabajo, como también los carteros. A la gente le gusta casarse o bautizar a sus hijos en días así; por otro lado es una buena fecha de cumpleaños.

  El ocho es un número especial; Odín cabalga un corcel de ocho patas. Es el número de ciertos encuentros, con el nueve se abre un nuevo comienzo. También a mí la fecha me ha deparado alguna vez sorpresas. En esos días lo mejor sería quedarse en la cama. A mi carácter no le va. A medianoche cuando me desperté sentí  ganas de moverme -aterricé a las nueve de la mañana en Orly, uno de los venerables aeropuertos de París. Gracias al salto de tiempo había ganado seis horas, me dijo la azafata que me había atendido. No podría haber calculado el lugar en el que había dormido, pero sí la distancia recorrida, claro que para nosotros esto ya no es tan importante como en los tiempos de la diligencia. Quizá pasé la noche en una capital del lejano Oriente; la azafata era de tipo malayo. Habíamos conversado agradablemente y la hubiera invitado a comer, ella parecía propicia. Pero aparte de que nunca se sabe cómo termina un asunto de éstos, era demasiado arriesgado en una fecha tal. Sería mejor pasar el día sin aventuras -meditando con una buena pipa o contemplando obras de arte.

Leer más: «Sueños», de Ernst Jünger

Hotel Atlántico: viaje al fin de uno mismo

Hotel Atlántico: viaje al fin de uno mismoSe ha asociado en diversas ocasiones la obra de João Gilberto Noll (Porto Alegre, 1946-2017)​, y en especial Hotel Atlántico (1989), con la novela existencialista. Se ha citado como referencia a El extranjero, de Albert Camus. Pero habría que despejar la bruma umbilical que une estas obras, porque una vez deshecho el efecto de condensación puede apreciarse una distancia considerable entre el sinsentido derrotista que define la novela de Camus, producto de una experiencia traumática totalizadora y radiografía de una época cuyos soportes morales habían desaparecido casi de la noche a la mañana, de forma brutal, con respecto a la novela de Noll, cuyo final es paradójicamente alentador, decididamente esperanzado.

Leer más: Hotel Atlántico: viaje al fin de uno mismo

Contra la subalternidad

Contra la subalternidadMás allá del poscolonialismo. Contra la subalternidad

 

Por MARTA SEGARRA*

 

La expresión estudios subalternos puede parecer sorprendente o hasta incongruente a quien la oiga por primera vez. Subalterno, según el diccionario, es “cosa o persona de categoría secundaria”, es decir, “inferior”, y ¿a quién le interesa estudiar algo secundario e inferior? La etimología latina de la palabra aporta, sin embargo, matices interesantes: subalternus contiene alter,que significa otro, y los estudios subalternos se ocupan, efectivamente, de nuestra relación con el Otro, con las personas que son siempre otras respecto a los sujetos política y culturalmente dominantes. Dichos estudios nacieron hace unos veinticinco años, fruto del pensamiento poscolonial y como una alternativa antihegemónica a los estudios culturales, que por aquel entonces ya se habían institucionalizado en Estados Unidos y en algunos países europeos.

 

Leer más: Contra la subalternidad

Temporada de huracanes

Temporada de huracanesTemporada de huracanes: los muertos, las muertas y la muerte

Por Ernesto Bottini

 

            Si es cierto que cada nueva generación de autores mexicanos tiene que establecer su especial forma de diálogo con Pedro Páramo, no es menos cierto que los nacidos a partir de los años ’70 también tienen que incluir en ese diálogo a Las muertas. La narrativa mexicana, por tanto, puede pensarse como un coloquio en el que el orden del día propone, de partida, un puñado de temas cuyo análisis se impone actualizar.

 

            Temporada de huracanes (2017), la segunda novela de Fernanda Melchor (Veracruz, 1982), irrumpe en este coloquio con una potencia poco frecuente; es tan extraordinaria su fuerza, de hecho, que uno tiene la inmediata sensación de estar ante un texto destinado a convertirse en un «clásico». Esta fuerza proviene de una enunciación transida que, por medio de una prosa que no deja al lector tomar aliento, arrastra la mirada por el pedregoso terreno escatológico de las pasiones, la violencia y la precariedad más pavorosas. La firmeza rítmica de su oralidad mesmerizada, y la capacidad de persuasión sintáctica de sus imágenes, funcionan como un motor de sinestesias alimentado con humores y viscosidades, excreciones, chillidos, murmullos y pigmentaciones de amplio espectro; su discurso es un miasma de oxidación corrosiva para la imaginación del lector.

 

            Aquí no hay nada que escape a la lógica del condicionamiento socioeconómico. Todo lo que existe está atravesado, y por ello contaminado, por las circunstancias materiales: las supersticiones, las relaciones personales, los sentimientos… No hay metafísica, no hay trascendencia. Todo se rige desde la más estricta miseria estructural. Esto no quita, sin embargo, que Temporada de huracanes sea, también (o sobre todo), una novela de amor, al menos en el sentido en el que Pedro Páramo y Las muertas son, también (o sobre todo), novelas de amor.

 

            Melchor pone a trabajar en su novela toda la gama icónica del mal, pero nunca como un pathos determinista, sino como la caída en desgracia de psiques estresadas (por la pobreza, las drogas, la masculinidad vitriólica, la cultura de la violación) que o bien identifican erróneamente a los agentes de sus expiaciones o son abducidos por la narrativa seductora del psicopompo, por el relato frenopático de lo demoníaco.

 

            El coloquio de la narrativa mexicana gira en torno a unos temas seleccionados de manera nada caprichosa, en puritita sintonía con la realidad, permítaseme el optimismo categorial, «compartida». Pero también obliga, para mantenerse vivo y operativo, para sostener su autoridad, a abordar esos temas desde ópticas formales también actualizadas. Sin maniqueísmos ni paternalismos ni melodramas ni artificios inasumibles: Temporada de huracanes está hecha con un instrumental retórico y un material mórbido calibrados con una madurez artística asombrosa.

           

            La traducción de la novela al alemán, a cargo de Angelica Ammar, ha tenido una acogida entusiasta, tanto de crítica como de público, reflejada en la concesión de dos importantes galardones en 2019 para su autora, el Premio Internacional de Literatura y el Premio Anna Seghers. ¿Responde este entusiasmo al siempre sospechoso exotismo, capaz de convertir la purulencia representada en la novela en materia de gozo estético? Cuál sea el elemento nutricio de esta fascinación parece ser un asunto más propio de analizar por la psicología social o la antropología cultural que por la crítica literaria. O quizá no, quizá la razón sea simplemente que estamos ante una novela excepcional.

 

Reseña publicada originalmente en la revista Otra Parte. Enero de 2020.