El pacto con las tinieblas

El pacto con las tinieblas(Acerca de la enorme importancia de artistas como Caravaggio)

 

Por Julio Ramón Ribeyro

 

En una pequeña caleta de Porto Ercole, hace cerca de cuatrocientos años, un hombre yacía sobre la arena, herido, enfermo y abandonado. En vano escrutaba el mar en busca de una faluca o la escarpada cresta con la esperanza de ver aparecer al buen samaritano, un alma caritativa que lo auxiliara en esos momentos atroces. Pues este hombre se estaba muriendo. Muriendo a los 37 años, en la execración y la indigencia, a pesar de que sus cuadros ornaban templos y palacios en toda la península y que su genio precoz había de revolucionar por un siglo el arte de su época.

 

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Rodolfo Walsh

Rodolfo WalshLos textos que publicamos a continuación constituyen parte de los materiales de clase utilizados en la lectura de Operación Masacre, el libro pionero de Rodolfo Walsh donde se cruzan por vez primera la crónica periodística y la novela, inaugurando un nuevo tipo de enunciación o género literario que dio en llamarse Novela de No-Ficción. La editorial Libros del Asteroide acaba de publicar el libro en España, después de años de estar descatalogado.

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El collar

El collar - MaupassantPor Guy de Maupassant

 

Era una de esas hermosas y encantadoras criaturas nacidas como por un error del destino en una familia de empleados. Carecía de dote, y no tenía esperanzas de cambiar de posición; no disponía de ningún medio para ser conocida, comprendida, querida, para encontrar un esposo rico y distinguido; y aceptó entonces casarse con un modesto empleado del Ministerio de Instrucción Pública.

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Felisberto Hernández: «El balcón»

Felisberto Hernández: «El balcón»El balcón

 

Felisberto Hernández

 

Había una ciudad que a mí me gustaba visitar en verano. En esa época casi todo un barrio se iba a un balneario cercano. Una de las casas abandonadas era muy antigua; en ella habían instalado un hotel y apenas empezaba el verano la casa se ponía triste, iba perdiendo sus mejores familias y quedaba habitada nada más que por los sirvientes. Si yo me hubiera escondido detrás de ella y soltado un grito, éste enseguida se hubiese apagado en el musgo.

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