Rincón bibliográfico

Arthur CravanTiene más mérito descubrir el misterio en la luz que en la sombra
Todo gran artista tiene el sentido de la provocación
Los lerdos sólo ven lo bello en las cosas bellas.

Marie Lowitska

 

 

Sobrino de Oscar Wilde, con quien mantenía un escrupuloso parecido físico, Fabian Avenarius Lloyd (1887-¿1918?), más conocido como Arthur Cravan, fue una figura extraña y singular de las vanguardias históricas. No fue miembro numerario de ningún movimiento en concreto, pero fue un precursor avant la lettre del dadaísmo y el surrealismo, cuyos fundadores han reivindicado su meteórico y polémico legado. La misteriosa desaparición de Cravan en 1918, en la bahía del Golfo de México, ha magnificado su leyenda hasta hacerla parte del mito fundacional del arte del siglo XX. Por primera vez en castellano, la editorial El Olivo Azul presenta un libro con los cinco números de la revista Maintenant, cuyo contenido redactó íntegramente Arthur Cravan, firmando con distintos seudónimos, y distribuyó él mismo por las calles de París, entre 1912 y 1915, montado en un carrito de reparto. Coincide esta edición de Maintenant, un tesoro bibliográfico para cualquier interesado en la génesis de las vanguardias, con la aparición en librerías de dos obras de Mina Loy (Londres, 1882-Colorado, 1966), poeta modernista y esposa de Cravan. Nunca antes se había editado a Loy en lengua castellana, por lo que Breve Baedeker lunar (Torremozas, 2009) y Antología poética (Huerga y Fierro, 2009) significan el descubrimiento de esta esquiva artista multidisciplinar, admirada por Ezra Pound y T.S. Eliot, para el público español.

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Pascal QuignardPascal Quignard nació en Verneuil-sur-Avre (Francia) en 1948, en el seno de una familia de gramáticos y músicos. Se cuenta de él que de niño fue un poco autista en dos ocasiones y que en la primera de ellas fue su tío –que había sido prisionero en el campo de concentración de Dachau– quien le volvió a enseñar a hablar. Es licenciado en filosofía y lenguas clásicas. Fue editor en Gallimard durante veinte años. Ha sido profesor de la Universidad de Vicennes y de la Escuela Práctica de Estudios Superiores en Ciencias Sociales. Fundó el Festival de Ópera y Teatro Barroco de Versalles junto con el desaparecido presidente francés François Miterrand. Desde que dimitió de todos su cargos en 1994 se dedica solo a la escritura. Es autor de numerosas novelas (El salón de Wurtemberg, Todas las mañanas del mundo, Las escaleras de Chambord, Terraza en Roma, Las tablillas de boj de Apronenia Avitia) y tratados (Pequeños tratados, Lección de Música, El odio a la música: diez pequeños tratados). En 2002 obtuvo el premio Goncourt (el más prestigioso de los premios literarios franceses) por Les ombres errantes, primer tomo de la obra titulada Dernier royaume. A raíz de la edición de esta última, Quignard declaraba: “Para mí es importante que una idea esté íntimamente ligada a la vida que uno lleva. En este libro explico con claridad mi voluntad, respecto al mundo contemporáneo, de crear un lugar solitario y ensalzar allí la inseguridad de pensar, cuando las sociedades en que vivimos preconizan lo contrario. [...] Odio todos los valores que están resurgiendo”.

Leer más: Pascal Quignard: Desnudando palabras

Bruno SchulzEn 1993 Ediciones Siruela publicó el conjunto de la narrativa –mas un ensayo– de Bruno Schulz (1892-1942) bajo el título: Bruno Schulz, Obra Completa (y en 2008 esta misma editorial presentó Madurar hacia la infancia. Relatos, inéditos y dibujos). Maldoror ediciones publicó, por su parte, una nueva edición de esos textos –divididos en varios volúmenes y sujetos a una nueva y excelente traducción– completándolos con los Ensayos críticos –inéditos en España–, de los que da cuenta esta nota. Este acercamiento a Schulz desde la vertiente ensayística ilumina su obra sin revelar (ni abandonar) el misterio que toda palabra poética significa. Es el mismo autor quien –de manera indirecta– elabora algo parecido a una hermenéutica de su obra, en parte mediante los escasos textos referidos a su propia narrativa, y sobre todo por lo que de él descubre su precisa –y clarividente– mirada de lector. Un puñado de textos justifica sobradamente la necesidad de este libro: la teoría poética de Schulz –y cierta concepción del mundo que ella encarna– está inscrita en estos ensayos.

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August StrindbergMuy amargas han sido siempre las venganzas de Strindberg. Golpeando el mundo que siempre le resultó ajeno, se golpeaba a sí mismo sin cesar. Creó mujeres ideales a las que amar y a las que acabó odiando sin límites, al no responder ellas a la imagen imposible de su creador. Siempre dispuesto a morir o a vivir por razones místicas y espirituales -era un ser exagerado, con un gusto inusual por permanecer en la cuerda floja – su cuerpo y su mente se enamoraban de las mujeres por muy diferentes razones. Su mente era anormalmente mística, sí, pero su cuerpo era el de un macho que pesa con los ojos el valor corporal de la hembra. Despreciaba a las mujeres feas y adoraba a las bellas. Y, siendo bellas en su cáscara, habían de ser perfectas en su interior: madres entregadas, santas esposas, puras, sumisas, angelicales, etéreas e ignorantes... Seres creados por la madre naturaleza para hacer felices a los hombres, superiores a ellas en todo.

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